-Ancianita!
Pudiose ver una escena contemplada no mucho más allá, más acá, pero no tanto, sino por ahí, en la que Alice estaba parada por allá, y la Ancianita agitada de correr un avejentado mantón que por el viento se dejaba llevar.
-Un segundo- acercose la amable niña, y ayudole con la intrepida persecusión del rebelde ropaje -Déjeme..- unos pasos más, y ya con mantón en mano, se dispuso a vestir la ya vencida espalda de la atolondrada señora.
-Gracias querida, sola no lo alcanzé hasta dentro de dos horas y cuarentaydos minutos - acotó la dama entrada en años, con la espina vencida y piel de tortuga por donde se le viere.
-Ya está- sonriole Alice, habiendo terminado.
-Sabéis? Es una pena... un mantón tan lindo...- decía mientras lo palpaba en los hombros con las manos de nudillos marcados, dedos finos y las grietas de la edad -Que lástima que se haya roto...-
-Roto? Dónde?- preguntó inquieta la muchacha, buscando en la superficie de la susodicha prenda por algún agujero, un punto corrido, algún accidente que no hubiere podido ser evitado antes de recuperarle, pero sin éxito -Está segura?- indagaba mientras examinaba con mayor detenimiento, intentando encontrar la reciente falla.
-Oh sí, aquí querida - señaló la señora, con gesto notorio -Que no lo veis?- señaló con impaciencia una zona perfectamente sana del tejido.
-Pues... no, no puedo notar la rotura- respondió con sinceridad, frunciendo el ceño mientras observaba, por si la hallaba ahora que ya sabía en dónde mirar.
-Oh, lo que pasa es que se ha roto dentro de dieciseis minutos, querida, tienes que tener buen ojo para notar...- aclaró la anciana mujer, con aires de certeza, y se dispuso a caminar quién sabe hacia dónde, yendo para más allá de ahí -Se romperá con la rama de aquella zarza- especificó señalando en la dirección en la que se dirigía - cuando vuelva a volarse en unos doce minutos- agregó.
-Pero...- aventuro Alice a conjeturar -entonces, si lo sabe, puede evitarse la amargura y dirigirse en otra dirección, o atarse el manto...-
-Oh, no! No, querida. No voy a cambiar mis maneras por algo que no ha pasado- quejose la señora.
-Pero usted dice que pasó, bueno, que pasará, pero es seguro, entonces puede evitarlo si lo intenta- comentole Alice, acercándose a paso vivo a la ancianita, para alcanzarle, lo que sorprendiole que fuera necesario.
-No, no, querida- se negó a escuchar, portando un gesto de conciencia mayor -Que puedas cambiar el resultado de algo no significa que tengas que, yo ya me he lamentado con anticipación, y tengo mantones igual de hermosos- objetó con suspicacia, y añadió -Para mí, el mantón ya está roto- y siguió su curso, sin más.
Alice se detuvo, mirándola con incertidumbre.
Y allá iba el viento, allá el mantón, y allá la ancianita.
Para algunos, cuando tienen la certeza de que algo negativo ocurrirá, una vez aludidos, alcanza con hacerse a la idea y seguir adelante.
Para otros no.
P.P.
-"AAAYY!, AAyy!, aaaayyy...!..."-.
Veamos... esta trata de rendirse al futuro.
-"Que vida ocupada, ¡Que vida ocupada!"-
Y el Conejo corría, saltaba, brincaba, esquivaba, trepaba, caía, lloriqueaba, miraba el reloj y corría otra vez.
Alice lo observaba constantemente, desde una sillita en un rincón del salón. Parecía haber perdido todo contacto con la realidad, totalmente sumergida en los vaivenes de su intrépida mentecita juvenil. Se indagaba si su cansancio se debía a estar allí, tanto rato, o si se debía más bien a haber estado allí tanto rato queriendo con su mirada seguirle el paso al Conejo. Irónicamente, tal era su cansancio fuera por lo que fuera que no lograba dilucidar cuál.
En eso, suena una alarma.
Y otra.
Y otra.
¿Y otra?...
El estrepitoso sonido proveniente de un armario cercano devuelve a la pequeña que flotaba en sus pensamientos de tropezones a su sillita del rincón.
Riiiinnngggg, RAAAANNNGGG, Tloonnn-TLOOONN, PRIIIIIIIIIIP!!!!!!!!!!!!!
-Por todos los cielos, ¿Qúe...?- interrogó mientras se paraba y dirigía hacia el armario, confundida y de más está aclarar, irritida.
Abrió las puertas de un armario de caoba, tallado de forma rústica pero elaborada, con una de sus patas, de palo como la de un pirata, y otra, pareciera de un mono, pero palmeada como la de un pato, cosa que no había notado, y que le llevó un par de segundos asimilar antes de ver en el interior.
Del armario se asomaron varias otras patas de seres que Alice prefirió no mirar con detalle, portando tablas, hasta armar una escalerita. Hacia adentro, altísimas estanterías flanqueaban un pasillo que parecía nunca acabar. Entre cada estantería, colgaban carteles con horarios, deberes, listas, nombres, lugares, mapas, etc. algunos que detallaban lugares que Alice conocía, mientras que otros eran totalmente nuevos para sus ojos curiosos, y en ellas... relojes. De todos los colores y tamaños, con diseños simples o extravagantes, con muchas manecillas, con las convencionales, sin siquiera una, relojes cucú, con campanas, con trompetillas, con tambores, con timbales, con inscripciones, con luces, con colores, con agua, con arena, y uno muy peculiar arriba de todo, contra una pequeña ventanita que daba a la luz del sol. Como si fuera poco, con cada segundo parecía que por lo menos un reloj se activaba, quién sabría más que el Conejo para qué, provocando cada vez más estruendo.
A todo esto, tan ocupado estaba el Conejo que no había notado de la incursión de Alice dentro de su equipadísimo mobiliario. Bastó un segundo de darse la vuelta, planeando ofrecerle un té para las cinco, cuando notó tanta alaraca, y sin más, comenzó a gritar.
-No puede ser! No puede ser!- recitaba entre alaridos dando vueltas por la habitación, revolviendo cajones, corriendo, bajando, preparando té, subiendo, abriendo puertas, buscando papeles, cerrando ventanas, apagando chimeneas, saltando, brincando, enloqueciendo - Cómo se me pudo pasar! Se hará tarde! Se hará tarde!!! No puede ser!!!-.
Dicho y hecho, salió haciendo balancear una pila de cosas qué quién sabe para qué serían más que él. E hizo todo a tal velocidad, que Alice apenas tuvo tiempo de verlo despedirse agitando su reloj antes de dar el portazo final.
-"Corre, corre, ¡a todos lados!- conjeturó la niña entre pucheros, parada todavía dentro del armario - ¡y nunca llega a ninguno a tiempo!"-.
Muchos se apuran por hacer muchas cosas.
Y dejan el vivir para más tarde.
Pero para vivir, se hace tarde también.
Y es tarde para cuando se dan cuenta.
P.P.
Veamos... esta trata de Vivir para tardar y tardar para vivir.
El Karma de los Espejos.
Tu variable y alternada felicidad es invisible si la vistes de perfección. Autocontrolando los sentidos, las máscaras se tornarán vítreas y adhesivas serpientes. Un enorme agujero de soledad te tragará a través de tus apariencias, dobles y hologramas. Como una quimera caníbal te devorarás en cada palabra y acto que no sientas, y te preguntarás tal vez, por qué te sientes solo, o vacío.
Mientras tanto, quizá por simples miedos, pienses que la autocensura de tus sentimientos y opiniones, logrará tu aceptación en este extraño mundo. Pero tergiversarte es no amarte, es engañarte y no dejarte descifrar por quienes te rodean; cada minúscula partícula de hielo que emanes se derretirá en tu nebuloso corazón de luz y oscuridad. El entorno te clavará espinas, cuando no sepa ni sepas verte, querrá ver gritar tu ramificación desnuda. Y al atravesarte las agujas, no entenderás el mensaje enviado mediante la cotidiana crueldad humana. No obstante, cuando el dolor cicatrice, te jactarás de que te quieren así, hermoso e imperfecto, y al dejarte fluir, sentirás en tu cause un cálido y confortable abismo de paz, y que no hay nada más precioso que llorar hasta romper las ventanas, reír hasta el sol, liberarse, quebrarse, expandirse, sintiendo hasta años luz de distancia por dentro y fuera. Que mas allá de las experiencias, somos lo que generamos, y el único modo de alejar la sensación de laberinto, es amarse hasta derramar prismas por este valle, y respirar profundo, que al resolver el karma de los espejos, serás un resplandor, serás vos, y llegará lo que esperaste, llegará una melodía que te abrazará a través de la brisa.
Victor H Sain.
Yo fui la que dijo que una imagen valía más que mil palabras, entradas atrás.
Y todavía no pude encontrar ninguna que exprese lo que estas provocaron en mí.
Con todo lo que soy, gracias.
P.P.
PolkaDotPirate by Annie Stegg
Mi adorada ilustradora agrega al ya mencionado anteriormente Clockwork Couture, un nuevo dress up game: PolkaDot Pirate.
PolkaDot Pirate Dress Up
Ya estuve probando un conjunto que otro. Y repito, Annie me fascina.
Se agrega este nuevo dress up a la colección, y espero ver más.
P.P.
Veamos... esta trata de dress up games
Hay quien dice que es mejor pintarse de carmín.
- Absurdas pretenciones, siendo las rosas blancas tan bonitas - se quejaba, mientras fruncía el ceño al observar sus dedos que rozaban aquellas espesas gotas de brillante carmesí que desprendiose la rosa más cercana, manchándose las yemas y ensuciándose las uñas. Todavía le miraba despectivamente, con expresión de recelo, no porque le molestase, sino por no verle el sentido a semejante acción.
- Eran tan puras, de esencia inalterada y magnífica, ahora, para agradar a quien las prefiere rojas, han sido burdamente pintadas - monologaba como de costumbre, sin un público que la oyere.
A su alrededor, varios rosales se erguían de forma elegante y soberbia, mas sus rosas goteaban de corriente pintura, manchando el suelo.
- Pronto, el suelo quedará afectado por los componentes de esta pintura - continuó - y de a poco, por más que no lo quieran, estas rosas serán teñidas de carmín - prosiguió, con cierta amargura - adaptándose a este mundo que las quiere rojas, por más maravillosamente preciosas que sean siendo blancas - y arrodillándose a la sombra de aquel rosal que observaba, finalizó, sin más rodeos - no externamente, ya ni siquiera pretendiendo ser rojas por más que su interior esté intacto, sino mutando. Mutando en las rosas rojas que jamás nacieron siendo, porque el mundo así las quizo, por más que gustaran de ser blancas. Las perfectas, puras, intactas rosas blancas que ahora se convertirían para ser color carmín, color que no se quitará nunca -.
Desconsolada, se convertía testigo de aquella escena, humedeciéndose sus párpados en intolerable silencio, cerrando los puños en su regazo, al ver como la tierra absorvía aquel veneno, y las raíces pronto le dejarían destruir todo lo que alguna vez fueron esas rosas. No toleró más, por más que respetuosa fuese, y corrió la mirada, conteniendo su impotencia, y descubrió sin querer aquellos contenedores de la ponzoña que invadía el real jardín, en un rincón, desparramando el viscoso contenido en el fértil suelo.
- Lo peor - y dirigiose a la rosa, que se mostraba decaída y sombría, alzando la mirada - es que ustedes no eligieron cambiar. Cambiar les fue impuesto por otros. Otros que temían por mostrarlas diferentes. Otros egoístas, cobardes, que no supieron admirar su increíble belleza, por no llevarle la contra a aquellos que sólo las piensan bellas si se visten de su tradicional dogma carmesí -.
En cuestión de segundos, Alice irguiose de pie de un salto, y corriendo levantó los tarros de pintura del ya manchado césped.
Revolvió en su bolsillo, y encontró consuelo en una ocurrencia que tal vez, sólo tal vez, funcionase.
En aquellos contenedores que todavía contuvieren algo en su interior, se encargó de derramar poco a poco el contenido de una pequeña botellita, que parecía nunca agotar su contenido, con una etiqueta, de la que sólo podía leerse "Béb...", y la pintura aligerose y convirtiose en algo parecido al agua, sin ser agua, sin no serlo.
Buscó a su alrededor por un pincel, y dispuesta a intentar, se arremangó con marcada desición en el rostro.
Encontrolo, hundiolo en aquel intento de salvación, y dirigiose a pintar, primero que nada, aquella rosa a la que tan apenada se le había expresado.
Poco a poco, todas las rosas del jardín chorreaban de pintura que parecía nunca acabar, que caía sobre la tierra, y limpiaba el falso disfraz de carmín. Un vaivén de pálidas explosiones se daba dentro de pétalos y capullos, espirales que se dispersaban para jamás detenerse en el interior de cada perteneciente al elenco de aquel conmovedor espectáculo.
Aún así, no todas las rosas quedaron blancas. Alice se quedó apreciando el retorno de aquellas que lograron volver a sí, preguntándose por qué algunas todavía persistían en conservarse alteradas. Pero no se arrepintió, ni sintiose mal por el hecho.
- Algunos gustan de mutar, y no quieren volver atrás. Algunos temen al cambio, y a algunos simplemente, cambiar o no, les da igual. Es sólo cuestión de elegir - y hablándole a la transformada rosa con la que venía conversando, admitió - Jamás intentaría obligarlas a volver por capricho - y dicho esto, acercose más, para hablar en un murmullo que sólo ella podría escuchar - Pero al menos, me gusta saber que pude ayudarlas a darse cuenta que tenían la opción de elegir - confesole, sonriendo abiertamente.
La rosa abriose en luminoso blanco, suave y tersa, orgullosa ante el sol del mediodía.
Según la química, todo lo que alguna vez se convirtió en algo puede encontrar la manera de volver a su estado original, y sucede de forma natural, cuando se requiere.
P. P.
Veamos... esta trata de pretenciones engañosas y cambios.
"Se busca."
-Pero a veces, no se encuentra- admitía un tanto consternada, un tanto ya rendida a la idea. Pero nada perdía con intentar.
Pegaba otro cartel en un banco más allá, se arrepentía y volvía sus pasos más acá, pegaba otro más sobre el árbol del recodo, a la altura de su vista, asumiendo su punto de vista como guía.
Estuvo a punto de seguir, y trastabillose cuando una parte de sí quiso retenerle.
Diose vuelta y ahí quedose, intentando comprender el por qué de su acción.
¿Por qué asumió que su punto de vista sería útil como guía?¿Por qué de manera que ella lo pudiera ver, cuando en realidad ella era la única que no necesitaba verlo?
¿Qué pasaría con aquellos que no lo vieran por no poder ver con su punto de vista?
No podría verlo el Lirón, puesto que ensimismado en sus versos nunca alzaría la mirada para preocuparse por él.
Difícilmente lo viera la Liebre, tan poco interesada en aquello que no fuera de su incumbencia, por más que todo lo fuera mientras le causare interés.
Ni siquiera la Reina ♥, siempre alerta de encontrar excusas que dieren motivo a un agradable evento matutino en el cual degollar a uno o dos jardineros que pasaren por allí.
- "Pero entonces,¿cómo puedo saber siquiera si los demás comprenderán? - se preguntó afligida, con la vista perdida a medio camino entre su rostro y el cartel pegado hacía sólo un momento - ¿Cómo sabrán ver a lo que me refiero? - su mente elaborada una indagación tras otra - ¿Acaso sabran?¿O se confundirán?¿Y si no comprenden?¿Y si no lo entienden?¿Y si no saben verlo como yo lo veo? - y allí encontró su respuesta - Si no saben verlo como yo lo veo, entonces, realmente no verán nada. Nada de lo que yo intento que vean, no como yo intento que lo vean" -.
Y perdió noción de sí quién sabe por cuanto tiempo, jugándose a sí misma un partido de croquet. Por declarar un empate poco agradable estaba cuando notose que podía usar aquello, y en su bolsillo, urgó hasta que sus dedos toposen con una galleta, con una frase glaseada que recitaba "cómeme".
Y obedeció a la dulce inscripción.
No tardó más de un segundo en hacer efecto, y que todas las cartas se barajaran en su sitio.
- "De cierto modo, yo tampoco puedo ver con ciertos puntos de vista, pero puedo aceptarlos, y también intentar adoptarlos momentáneamente para ponerlos en práctica - todo se esclarecía, y volvía a funcionar - Así que aquellos que comprendan serán aquellos que sepan adoptar mi punto de vista por un momento, por más que no lo compartan ni lo acepten" -.
Unos segundos más tarde, caminose en dirección aleatoria en busca de un nuevo espacio para otro cartel.
- Si yo he podido comprender otros puntos de vista, otros deben comprender mi punto de vista -.
Aminorando el paso, notó un cabo suelto en su oración.
- ¿Y si en realidad yo no he podido realmente comprender otro punto de vista?... - se detuvo con la mirada gacha, realmente interesada por poder resolver esa duda. Mas no le duró mucho, puesto que era demasiado sencillo de explicar.
- Si no hubiera sido capaz de comprender otro punto de vista, ni siquiera sabría hablar en un mismo idioma -.
Su caminata siguió sin más preámbulos, puesto que ya estaba agotada de tanta pimienta. Aún así, no pudo evitar exclamar una declaración terminante a la que había llegado:
- Puesto que puedo comprender, muchos otros pueden, se podría decir que casi todos pueden, la diferencia está en si eligen o no hacerlo. Es así como termina dándose que otros no entienden, incluso uno mismo no se entiende. Aún así, siempre otros entienden, de vez en cuando, cuando quieren - y eso la calmo un poco, mas no del todo.
Pegó otro cartel en otro árbol más, en el cuál se leía el llamado a la atención "Se busca - Ladrón de Tartas". Suspiró, y continuó su labor.
-Algunos, a veces, entienden - admitió. - Pero no basta -.
P.P.
Veamos... esta trata de puntos de vista.
- Constantemente, el mundo gira -.
Analizó esa oración al tuntún.
Y diose cuenta.
- Constantemente, yo giro con él. -
Eso le provocó cierto interés, así que dedicó un momento a ello. En su balcón, sobre el blanco mármol, posaba su codo, sosteniendo su cabeza de forma cansina, mirando la puesta de sol, aunque no al sol directamente.
- "Simple y conciso, - razonó despreocupadamente - Este mundo en constante movimiento nunca permitiría una posición estática" - pensó quedamente por un rato, sin muchas ganas.
Hasta que la idea chocó con ella.
- ... "Y si aquello vivo se considera simplemente como aquello que desarrolla una acción, como la de moverse, por más que sea movido, de cierta manera, hasta las piedras se mueven" -.
Y descubrió para sí:
- De cierta forma, todo en este mundo tiene vida -.
Buscó con la mirada desde su ventana algo que resultara llamativo para cambiarse a sí misma de tema, mientras el sol seguía bajando. Mas algo en un pispeo fugaz, hizo que volviera los ojos atenta a su hallazgo. Sus ojos enfocaron aún más atentos, frunciendo el ceño y con cierta impaciencia, para luego distenderse acompañados de una inquietante y un tanto intrigante curvatura de sus labios. Cambió luego su interés rápidamente, como si pensarlo aún más no tuviere valor suficiente.
Aún así, su curvada sonrisa dejó escapar un leve sonido de ironía.
Sin saber por qué, Alice se sentía dichosa.
Quedarse "quieta", jamás sería lo mismo.
No muy lejos, el cementerio recibía las últimas emiciones de luz diurna, para dar la bienvenida a una nueva noche.
Es el día de hoy, que se sonríe de la nada, y saluda a quien no se ve allí.
Resulta divertido como ciertos conceptos muy simples pueden ser tan distorsionables, y por demás discutibles.
P.P.
Veamos... esta trata de vida y movimiento.



